Análisis del Documental La Rebelión de la Memoria

La rebelión de la memoria

Documental sobre el levantamiento de

Octubre 2019 en Ecuador

Escrito por Alfredo Breilh

Testimonios visuales más que verbales le dan al documental un nivel digamos “cinematográfico” en el sentido de trasmitir lo vivido mediante la empatía más que con abundancia verbal y sobrecarga de información, que es uno de los riesgos de ese tipo de documentales que van más hacia el reportaje.

Al transmitirnos la vida de ese movimiento social, el documental destaca lo sociopolítico como un hecho profundamente social comunitario, de hondas raíces culturales, donde se expresó la solidaridad del pueblo, es decir su unidad; con un ritmo sereno y contundente de quien ha meditado y ha sabido dar prioridad a selectos momentos de intensa complejidad a través de una cámara estable y sostenida. Captar este aspecto es dimensionar el hecho desde una óptica independiente, crítica y madura.

El sonido ambiente es la voz. No hay separación entre sonido ambiente y voz, no hay locución, narración; así mengua la distancia entre realidad y discurso. Hablamos de una retórica ajustada, sobria, madura, contundente. Decir que hablan las imágenes parece una perogrullada, pero aquí, cada escena dice lo suyo y se construye un discurso sin palabras del realizador, sino con las voces de la realidad de la gente. Aquí no hay brecha entre el sonido ambiente y la voz. Cada escena se convierte en una demostración.

La presencia del realizador está más allá, o más acá, en la sesuda selección de los segmentos que van construyendo como bloques, uno tras otro, una demostración olímpica. Transmite a través de la escena vivida, vívida, en este sentido es cine. Comunicación por empatía a la vez que por una cierta distancia.

La distancia del realizador ante los hechos y ante el espectador está en su silencio, en hacer que las escenas documentadas hablen. A la vez es una identificación del realizador con el pueblo, las personas. Parece contradictorio. El realizador está en todas partes pero está empatizado con el sentido de lo que se ve. No afirmando su individualidad y haciéndose presente ante el espectador sino a través de las tomas que captó y/o que seleccionó, ya que es un documental de montaje.

«Un montaje más conectado con lo real que con la acrobacia visual, admirable por cierto en otros documentales; ese enraizamiento en la realidad está dado por la longitud de las tomas»

Un documental de segunda generación, construido a partir de filmaciones que ya aparecieron antes, y que hubo el trabajo de recopilar, junto con otras tomas filmadas por el equipo de realización. Y siendo un documental de edición, de archivo, en esa recreación de la realidad que se ejecuta en “la puesta en montaje”, su comentario, tácito, está en la decisión de la duración de las tomas, en su orden, en el ritmo general, haciendo calzar pieza tras pieza en un discurso intelectual que brota de conocer los hechos y conocer el material filmado y de ahí, una propuesta, un guión, ya que en los documentales en los que no se controla las condiciones de filmación, el guión técnico se identifica con el plan de edición, pues en muchos casos se finaliza su elaboración después de revisar y ponderar el material filmado y en este caso, recopilado.

Un montaje más conectado con lo real que con la acrobacia visual, admirable por cierto en otros documentales; ese enraizamiento en la realidad está dado por la longitud de las tomas, su estabilidad; por los planos generales, donde el protagonista es el pueblo y sus líderes brotan desde dentro de él, autentificándose así. Mujeres, campesina, rural serrana y amazónica, madres de familia son las voceras del movimiento popular.

La capacidad de expresar un punto de vista con tanto nivel, convicción y evidencia visual, da potencia, puesto que transmite más por empatía que por intelectualidad, lo que lo hace más “cinematográfico”. En cuanto a la música creo que todavía no se integra a la producción audiovisual la capacidad creativa musical sonora del talento de los jóvenes músicos ecuatorianos.

Por su factura, esta obra cumple con aquella característica del documental, frente a la noticia o al reportaje, que se refiere a su vigencia y que puede presentarse en cualquier parte y en cualquier tiempo. Creo que es un buen ejemplo, porque se sostiene en un hecho permanente que es la combatividad solidaria popular de comunidades y barrios. Nos recuerda los hechos de Octubre a quienes los vivimos más directamente, pero además está construida de tal manera que va a permitir captar la potencia social del levantamiento a espectadores que no tengan una comprensión ni información previa sobre lo ocurrido.

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